Ensayo sobre la rentabilidad de las emociones en el capitalismo moderno

SUJETO DE ESTUDIO: La rentabilidad de las emociones.
ID-EXPEDIENTE: #011
AUDITORA: A. Díaz
ESTADO: [ARCHIVO DESCLASIFICADO]


Si tu paz mental tuviera un precio de mercado, el sistema haría todo lo posible para que fuera asequible. Como no lo tiene, hará todo lo que pueda para que te sientas pobre y necesites comprar su alivio. Es la rentabilidad de las emociones en el sistema capitalista

La rentabilidad de las emociones o capitalismo emocional. El hombre controlador del mundo.

Capitalismo emocional; el arte de agitar el árbol para apurar las manzanas 

Estamos en la era más comercial que haya existido: hay alrededor de 500 millones de empresas en todo el mundo. El 90% está compuesta por PYMES y autónomos. De toda esta masa, los negocios que funcionan con una ética radical representan menos del 5%. Eso significa que el 95% de las empresas están basando sus negocios en la monetización del sufrimiento ajeno. Así es cómo el sistema capitalista agita el árbol de tu equilibrio para robarte todas tus manzanas, incluso las que ni siquiera estaban listas para caer.  

El supermercado de la miseria 

Para el cerebro humano el azúcar es igual a supervivencia. Encontrar fruta madura o miel era señal de abastecimiento energético para no morir de inanición en los albores de la humanidad, por eso el sistema nervioso recompensa con altas dosis de dopamina la ingesta de alimentos dulces. Esta es la razón por la que el estrés se diluye mientras nuestro paladar está dándose un festín de glucosa. 

Cuando te sientes desbordado, tu cerebro ha aprendido que eso le calma y lo pide. El problema es que la saciedad va a dejar paso a la crisis existencial de la culpa y la vergüenza. Pero también a otro vacío distinto: el de la glucosa refinada que sale disparada del organismo tan rápido como entró. 

En este punto, ya estamos dentro del bucle de la miseria. Adivina quién se está llenando los bolsillos con tu hambre emocional

La moda de tu inseguridad 

La moda es cruel porque no tiene en cuenta a la mayoría. Crea un molde y si encajas, estás en tu prime. Si no, entonces eres ciudadano de segunda. La norma es que lo que es de calidad está pensado para quien tiene un bolsillo aventajado. El resto deberá sobrevivir con piezas cuya tela se convertirá en harapos y estará pasada de moda en 6 meses. Este es el bucle del usa, tira y júzgate porque a tu anatomía no le queda bien la siguiente tendencia

Este es el punto dulce del resto de industrias que se alimentan de tu inseguridad: cosmética, medicina estética, dietas mágicas, suplementos, etc. Todos tienen un lugar en tu autoestima para hacer caja. El reto es descubrir qué flancos de nuestra fragilidad no están explotados aún. 

Tu cuerpo no es un error de fábrica que necesita corrección, es un sistema que está siendo atacado por una industria que necesita que te sientas defectuoso para ser rentable. 

La farmacia de tu angustia 

Es irónico pensar en cómo gestiona el capitalismo la salud mental. El coste de la verdadera solución (educación, acceso a psiquiatría y psicología) es prohibitivo, mientras los medicamentos son muy asequibles. Esto significa que el sistema prefiere que compres el parche a que recibas el tratamiento. Lo que sucede cuando pones una tirita al sufrimiento sin haberlo desinfectado primero es que se infecta y, posteriormente, requiere un trabajo de reparación mayor. 

El sistema prefiere un cliente crónicamente medicado a uno sano y autónomo porque el cliente sano no es manipulable por definición; pero el angustiado es un suscriptor de por vida

Los servicios contra la preocupación

Ladrones y maleantes han existido siempre, pero ahora tienen más promoción en las noticias y medios digitales porque el clickbait es bastante rentable. Lo que despierta tu miedo biológico te impulsará a buscar una solución. Pero antes siquiera de que llegues a plantearte las posibilidades estadísticas de que te suceda algo malo, ya estás siendo invadido por anuncios de alarmas de seguridad, sistemas de protección para el hogar o seguros que se presentan a sí mismos como tus mejores aliados. No es casualidad, es, de nuevo, la rentabilidad de las emociones que el sistema sabe explotar. 

El miedo es una emoción muy rentable más allá incluso de la perspectiva del capitalismo, con él por bandera también se han promovido guerras. 

La calderilla del vacío, otra forma de rentabilidad emocional 

En un mundo donde las personas viven desreguladas, sobrevivir parece una gincana y la narrativa está intoxicada de falacias malintencionadas, el vacío es una consecuencia natural. Ese vacío se nota como una insatisfacción permanente: nada de lo que tenemos es suficiente y nuestro mundo se vuelve monótonamente gris. 

En ese estado las microdosis de dopamina resultan especialmente apetecibles. Como son de escaso valor (caramelos, chicles, llaveros, etc.) vamos comprando objetos donde quiera que los encontramos -curiosamente en todos los sitios- para finalmente tirarlos a la basura. 

En términos económicos a esto le llaman gastos hormiga: pequeñas compras innecesarias e impulsivas que te despellejan el bolsillo para que el ‘mercado siga circulando’. 

La inversión en destrucción, el agujero negro

El sistema comercial desgasta, pero también el social, económico, laboral y resto de los que tenemos que adaptarnos. Cuando nuestras emociones han sido saboteadas, la sociedad señala con el dedo y la terapia es más cara que el medicamento, invertir en destrucción no parece tan descabellado. 

¿Cuántas veces has visto al personaje de una historia regulándose sin un cigarrillo, alcohol o pastilla después de un momento de tensión en la trama?

La industria del tabaco y el alcohol tienen mucha influencia en el cine: lo financian a cambio de aparición en la gran pantalla. Si en un momento de crisis imitamos la anti estrategia de regulación entramos en otro bucle, pero esta vez uno más terrible y del que es más difícil salir: el de la autodestrucción. En este punto, ya la rentabilidad de las emociones para el sistema capitalista está atentando directamente contra nuestra salud física.

La información de la confusión

El clickbait es la práctica de vender titulares morbosos cuyo contenido raramente cumple lo que prometen. La razón detrás es sencilla: que hagas clic se premia por Google. También que leas todo el contenido, por eso generalmente encuentras la respuesta directa al titular en final de la página. 

Como también se premia que pases tiempo dentro del ecosistema web, encontrarás que la información no está completa, sino que para resolver el asunto que te interesa tienes que visitar varios enlaces más. En el camino te encontrarás una carrera de obstáculos en forma de pop-ups, banners y cookies que terminan agotando tu sistema nervioso

En la era de la información resulta que el conocimiento está fragmentado para que saneemos las métricas de quienes apalean nuestra atención y nuestros niveles de energía. 

Las redes anti-sociales 

La idea genuina de conectar con personas se ha convertido en el arte de cómo tener miles de seguidores que no te importen ni un poquito a los que vaciar el bolsillo. Ya no es tanto un espacio social, sino un lugar invadido por la publicidad comercial y el narcisismo individual. Nuevamente, es menor el porcentaje de divulgadores de conocimiento en redes que el de modelos de negocio. Aquí aplica la regla básica de que cuando no pagas el producto, el producto eres tú

El enfado del lobby, la rentabilidad de las emociones para la política

Más allá de las causas sociales necesarias existen los lobbys de presión. Son grupos de poder que se concentran para forzar una tendencia social. A ti te la venden como una causa noble, pero el objetivo es distinto y más oscuro: es un juego de influencias entre poderosos que quieren usar el enfado social para promover un cambio que les beneficie. De todas, esta es probablemente la forma de caos sistémico más difícil de detectar por la sutileza y discreción con la que se ejecuta, ya que nunca se ve realmente quién está detrás de esos movimientos de presión masiva.

Para defendernos de este riesgo es importante frenar todo aquello que trate de evangelizarnos. Somos perfectamente capaces de decidir con qué causas queremos involucrarnos, cuándo, cómo, dónde y por qué. No necesitamos coaching para nuestro altruismo.

Defender el valor genuino de tu equilibrio frente a la agitación masiva 

El caminante sobre el mar de nubes. Caspar Friedrich.

Si has llegado hasta aquí, ya no puedes volver a ver el mundo con la misma inocencia. Ahora sabes que tu inestabilidad no es un fallo personal, es un modelo de negocio que explota la rentabilidad de las emociones humanas. Cada vez que sientes ansiedad, duda o insatisfacción, el mercado está intentando capitalizar ese impulso.

Defender tu equilibrio no es una cuestión de «paz espiritual»; es un acto de resistencia económica.

  1. Audita tus reacciones: La próxima vez que tu sistema te pida azúcar, redes sociales o una compra impulsiva, detente. No es un deseo, es una orden externa intentando hackear tu dopamina.
  2. Desconfía de la urgencia: Cualquier servicio o producto que se venda mediante el miedo o la promesa de una solución instantánea a un problema complejo es, casi con seguridad, un activo de destrucción.
  3. Invierte en tu estructura: La verdadera inversión no es el medicamento, es el conocimiento; no es la ropa de usar y tirar, es tu identidad; no es la alarma que promete seguridad, es el refugio que construyes con criterio propio.

El sistema necesita que sigas corriendo en la rueda, por eso tu acto de soberanía más grande es aprender a detenerte. Cuando dejas de ser un consumidor de parches y empiezas a ser el arquitecto de tu propia estabilidad, dejas de ser una fuente de ingresos para su miseria y empiezas a ser el dueño de tus activos más valiosos: tu atención, tu energía y tu paz.

Si el absurdo cotidiano te tiene alienado y quieres aprender a reclamar tu independencia con determinación, únete al Motín Creativo, un espacio para la resistencia intelectual ética, lógica y un puntito descarada.

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